Anduve por la Tierra y contemplé el cielo mil veces, más el infierno presencié en otros mil reveses.
Anduve por caminos despejados dispares, más por la jungla me vi obligado a abrir senderos de pesares.
Anduve y anduve y anduve, y respiré el preciado aroma de las flores, sentí en mis pies descalzos el desgarro de vidrios torturadores; mi piel se quemó bajo el sol ardiente, mi sangre se congeló a ras de un glacial imponente.
Anduve por la tierra y fui amado, más amar pude en muchas ocasiones y eso hice, calmado. Transporté entre mis manos arena de playa delicada y fina,más zarzas punzantes rasgaron de sus palmas ambas lineas de la vida. Me miró un ejercito de ángeles hermosos, mientras al unisono me escrutaba una caterva de tuertos belicosos. Fui un enano, pero también un coloso. Tarde o temprano, tuve que enfrentarme a un oso.
Anduve y continué caminando por este sendero sinuoso , viendo a cada metro, desde el lindero, que se hacía más largo por retaguardia y más corto por vanguardia. Algunos de los que me acompañaron me abandonaron de improviso, pero una multitud sigue a mi lado si cojo y lo reviso. Fui afortunado y desgraciado; alado y postrado; ensalzado y tarado; meditabundo y despistado; anexado y separado; vagabundo y varado; fui tantas cosas que ya viajé a otro mundo.
Con el tiempo aprendí que nada es para siempre, que siempre habrá una nada, semejante a caer en un abismo de pesadilla enrevesada. Por eso, a veces, alzo la voz, pues no soy perfecto; cuido los detalles, pues tampoco soy imperfecto.
Nací en esta vida para vivir en ella, no por ella ni para ella, en todo caso, de ella.
Aun sin encajar en el sistema impuesto por la sociedad presente, voy a ser feliz, joder, claro que si, pues siempre estuve dispuesto a dar un paso al frente.
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