EN CONSTRUCCIÓN, PERDONEN LAS MOLESTIAS
Como si fuese una guerra balística de la era moderna, un proyectil de considerable tamaño ha estallado justo a pocos centímetros de mi pierna izquierda. El sonido de la explosión ha llegado con asombroso detalle a mis oídos y por poco no lo cuento.
Alzo la vista y el bombardero responsable surca los cielos, alejándose por entre los azules del amanecer y dejando una estela de humo que delata su trayectoria en todo momento.
Ya en Tierra, el ejercito a desembarcado. Los panzer se arrastran por la arena y los hombres desfilan con sus armas a los hombros. De vez en cuando, cae algún paracaidista del cielo y se une a las filas de este aguerrido ejército.
Por los cascos, la radio emite nuevas órdenes y tengo que ponerme en marcha para aparatarme de esta zona.
Otros bombarderos B2 se acercan. No tardo en escuchar como el sonido lejano de sus motores se va aproximando y decido cambiar de posición para ponerme a salvo.
En esta nueva zona, una veintena de zapadores construye un puente para los aliados y prepara el terreno para mejorar el tránsito de los suyos hacia zonas más conflictivas de la batalla.
No os preocupes, esta guerra, tan solo está sucediendo en mi imaginación, que echó a correr sobre sus largas piernas desde bien temprano.
En realidad, una enorme cagada de paloma acaba de chapotear a pocos centímetros de mi pierna izquierda, extendiendo su oloroso napalm sobre la madera del banco. Alzo la vista y el bombardero responsable se haya posado sobre en una rama. Es una enorme paloma que me apunta con su agujero del culo, peligrosamente.
En la arena del parque de Vicálvaro, más palomas corretean por doquier, de acá para allá, buscando entre hojas caídas, cascaras de pipas, colillas, pierdas y, en general, residuos humanos, algo que llevarse a sus picos.
El movimiento dinosáurico que las caracteriza me cautiva.
Los perros, olisqueando y babeando, hacen que éstas se aparten a su paso.
Por los cascos, Extremoduro empieza una canción frenética: "historias prohibidas" del Deltoya.
Alzo la vista y veo como otras dos palomas se han unido a la primera. Diría que incluye parecen conversar entre ellas para lanzarme sus entrañas.
Ahora, dos de los tres anos de estas palomas me apuntan directamente, y decido abandonar el árbol que me da cobijo para sentarme en otro banco.
MORALEJA: si un banco está repleto de cagadas de palomas disecadas, no te sientes en él.
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