En estos días grises, en donde las gotas se pegan a las ventanas y el Sol se esconde con pericia jugando al escondite, resulta comodo quedarse en casa y ver paraguas desde la ventana. Caseros y en nuestros agujeros, nos sentimos bien, recorriendo las habitaciones para ver peliculas, coger provisiones o visitar al señor Roca. Afuera llueve, el frio y la humedad se funden para formar una estampa triste, pero dentro, el calor anima al espiritu y la sequedad, al cuerpo. En estos días grises, a veces, hay que ahuyentar a la tristeza más a menudo y cerrarle la puerta con llave, para que, si vuelve, no pueda entrar. ¿Sera la ausencia del Sol? ¿Sera el grisaceo cielo, que no parece cielo? ¿O la desaparición del color azul? Bajo las luces de la morada, la que llega tras el umbral, la iluminacion es menos incolora y más reacia a abandonarnos. No hay viento que nos hiele los huesos y la musica nunca cesa. Las paredes no rugen, como si lo hace la calle, y la compañia nos visita, que es de agrede...