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NIÑO Y ANCIANO

Veo un anciano en el metro dentro del vagon sentado en una esquina acurrucado en su dolor. Contaria más de ochenta primaveras de vivencias: parece consumido arrugado, encorbado secando sus mocos y babas en un pañuelo usado. Mientras tanto, al otro lado un bebe llora y se lamenta gritandole a la vida que ha nacido sano; el anciano lo contempla desde sus ojos quebrados. Entre parada y parada entre traqueteos mundanos el anciano parece ausente cansado bajo sus caidos parpados desvencijados. Del carrito del niño sobresale un biberon; en el asiento del viejo queda apoyada una muleta. Los ojos del anciano cuan profundos son hundidos en las cuencas por el tiempo y la experiencia. Las manos del bebe cuan diminutas son pueriles de no usarse sin tiempo ni vivencia. Ni el anciano ni el bebe tienen pelo en este tren: la naturaleza al primero ya se lo ha quitado el tiempo al segundo aun no se lo ha dado. Enjuto anciano, cuentame: ¿Que llevas en esa caja que se alza a tus pies? ¿Donde vas a estas...