Creo que fue durante aquel café, el día 36 de cuarentena, cuando comenzo mi locura por la soledad del confinamiento.
Escribir, escribir con firmeza, aprisionar el humo. Arrojar palabras, esquivar tumultos o fundirse con ellos. Ahuecar el alma, fortalecerla. Vivir dentro de una caracola en donde todo suena distinto.